Aurora

Y tu te ríes, pero está preciosa, como una novia, la piel resplandeciente, el brillo intenso de sus ojos, está mimosa y más pegadiza que de costumbre. Parece una reina de ébano, camina lentamente, moviendo su cadera majestuosa sin volver la cabeza, cuando se sienta en su rincón y cuando cambia la vista, te mira con una dulzura que enternece.
Aun recuerdo la primera noche que llegó a mi casa, tenía yo un día melancólico y su compañía me removió recuerdos ya casi olvidados, me hizo retroceder al tiempo de las lágrimas.
Es dulce y cariñosa, como una niña buena. Capta todo lo que sucede a su alrededor, la ves atenta, endereza sus orejas, ladea la cabeza y responde dócilmente a tus propuestas.
No pierde detalle, ella observa, pero solo elige lo que desea, no le vale cualquier cosa, sabe lo que quiere. Y te pide que le rasques la barriga o empuja con su hocico en tu mano para que busques su pelota, también piensa que entre dos, el juego es mas divertido. Otras veces llega suavemente y coloca sumisa su cabeza en tu regazo para que la llenes de mimos.
Le gustan las alfombras mullidas, pero como no es muy exigente se adapta enseguida al suelo de colores.
Es estupendo verla saltar en el campo, corriendo tras una piña, o una rama, cualquier rastro le llama la atención, olfatea el suelo alejándose, pronto cae en la cuenta de que te has retrasado, vuelve a desandar lo andado y te mira como intentando explicar lo que encontró. ¡Hale que ya estás con la lengua afuera, vámonos a buscar agua y a descansar un poquito!
Ayer la veía soñar, no sé cuál era la pesadilla, movía los ojos cerrándolos con fuerza, convulsa, lloraba y se retorcía. Otras noches está plácida, suspirando sonriente y cuando la acaricias te saluda desde el sueño con el rabillo del ojo.
¿Mamá, y cuando tenga cachorritos, tú crees que saldrán con su señal en el pecho?

Seguro que si ¡preciosa mía!
Con sus cuatro pelillos de plata en el pecho, y aunque toda ella sea negra, será Aurora, sueño del alba blanca, amanecer de esperanza.